Daniel Martínez al habla.-
Es Nochebuena, y como buen leonés, he decidido viajar a mi tierra para pasar estas Navidades con mi familia. Estaré ahí hasta el 1 de Enero por la tarde, cuando volveré a Madrid, para realizar en esa semana el 100tenario del programa, o los 900 programas, como queráis llamarlo vosotros. Annita no ha podido venir, se ha ido a Mollet con su familia, y es algo que raramente entiendo. Llevamos juntos apenas 2 meses, y lleva sin ver a su familia más de 1 mes. Y yo la he respetado, teniendo en cuenta nuestra promesa de llamarnos cada día...
....
Es por la tarde, estoy preparando las cosas de la cena junto a mi madre, siempre me gustó hacerlo y siempre quise saber por qué, aunque no sea algo que me preocupe mucho, ya que pasar tiempo junto a mi madre es algo de lo que más me gusta.
- Mamá, ¿esto era así, no?
- Perfecto.
- Gracias.
- Siempre se te dio bien la cocina... Anna tiene que estar contentísima contigo.
- Espero...
- ¿Por qué no ha venido?
- Quería estar con su familia, es... algo normal... supongo.
- Sí... Tú no te preocupes, que aquí vas a estar genial.
- Lo sé...
Nos sonreímos, nos abrazamos y seguimos cocinando. Nacho también ayuda, pero menos. Desde que se compró su iPhone y dejó de trabajar en Otra Movida está viciado al twitter y a los mensajes del móvil, sobretodo por el tonteo que se trae con Cristina Pedroche.
- ¿Te llama o algo?
- Estamos hablando.
- ¿Twitter?
- Whatsapp.
- ¿Y qué te dice?
- Nada interesante...
- Va, déjame verlo...
- No...
- Venga...
Suena mi móvil en ese momento, me sonríe traviesamente y corro hacia mi habitación antes de coger el móvil. Cuando estoy en el cuarto, lo cojo y descuelgo. Es Anna.
- Hola cari
- Feliz Navidad cielo.
- Gracias... ¿qué tal?
- Aquí... ayudando y echándote de menos.
- Como yo...
- Pásalo bien, ¿eh?
- Sin ti será difícil...
- Venga tonti, en sólo 8 días nos vemos...
- ¿Sólo? Es mucho...
- Se pasa rápido...
Y así, estamos una media hora hablando. No decimos gran cosa, creo que nos basta con escuchar la voz del otro y sonreír, nos queremos, mucho. Termino de hablar y vuelvo a la cocina, mi madre me pregunta, y yo contesto. No me agrada mucho tener secretos, y menos con ella. Estamos así un rato, riendo y preparando todo, esperando a que vengan mis tíos, cuando un grito de Nacho llamando a mi madre nos alarma.
- ¿Qué pasa?
- Papá... se acaba de desmayar.
- Vamos al hospital.
En poco más de media hora, estamos en el hospital. Estoy muy nervioso, dando vueltas de un lado para otro. Mi madre tiene la mirada fija al frente y semblante de preocupación, y mi hermano nada más mira su móvil.
- ¿Quieres dejar de preocuparte todo el rato por el móvil y pensar en papá?
- Dani...
- Ni Dani ni hostias, papá está ahí dentro, Dios sabe cómo está, y tú sólo te preocupas de tus tonteos con las chicas. Sé adulto y piensa de una puñetera vez.
Me mira, hace un gesto raro y guarda el teléfono, parece un crío de 14 años al que le acaban de regañar por no soltar el móvil en todo en día, y yo siento que soy el único que está realmente preocupado, a parte de mi madre. No soportaría que a ninguno de mis padres le pasara algo en las Navidades, y mucho menos en mi cumpleaños.
....
Pasamos las horas, cada vez más nerviosos. Anna me ha llamado y le he contado lo que ha pasado, nos ha dado ánimos y palabras de esperanza, mas yo no tengo ninguna. Estoy nervioso, presiento que algo irá mal, que este será el peor cumpleaños de mi vida. Sale la enfermera que le atendió, con unos papeles. Mi madre y mi hermano se levantan de la silla y yo me acerco a ellos, temeroso de cuáles pueden ser los resultados que nos traiga.
- ¿Familiares de Fernando Martínez?
- Nosotros - digo yo
- No tenemos muy buenas noticias...
- ¿Qué pasa?
- Fernando ha sufrido una embolia cerebral que ha dado la cara bastante tarde, por lo que no se le puede ofrecer un tratamiento ni una cura que sea eficaz. Sintiéndolo mucho, no hemos podido hacer nada, sólo queda esperar hasta que....
- ¿Hasta que...?
- Fallezca.
Los tres nos quedamos sin palabras, mis ojos se llenan de lágrimas, no puede ser.... Mi padre... no...
.......
Estamos en su entierro, Anna ha venido desde Barcelona para estar conmigo, se le nota tristeza y se le han escapado un par de lágrimas. Mi padre y ella se tenían mucho cariño, eran como padre e hija, igual que yo con el suyo. Cuando acaba, vamos a mi casa. Yo me quedo en mi habitación. Estas son las peores navidades de mi vida.
- Tienes que salir adelante...
- ¿Con mi padre muriéndose el día de mi cumpleaños?
- Tú no tienes la culpa.
- Ya lo sé, ya sé que no la tiene nadie, pero se ha muerto, y eso nadie lo puede remediar.
- Pero quieras o no tienes que salir adelante... ya no sólo por ti... ni por mí... ni por tu madre...
- ¿Entonces...?
- Por tu hijo... o hija.
- ¿Mi... qué?
- Sí, estoy embarazada, de tres semanas... Ya sé que es muy pronto, pero...
- Pues sí, bastante pronto, Anna...
- Si no quieres...
- Es muy pronto, pero claro que quiero. No hay nada que pueda hacer más feliz a mi madre en estos momentos...
"Intentad, antes de morirme, que os vea casados... a los dos... o que pueda disfrutar de algún nieto"... Aquellas palabras que me dijo hace apenas tres días y que no se han podido cumplir siguen resonando en mi mente por momentos, y yo... pasándolo mal porque sé que no se van a cumplir...
- Dani...
- ¿Qué?
- Te quiero.